viernes, 1 de febrero de 2013

Te amo.

Te amo, no como por decir, sino por sentir.
Te amo del verbo amar, del que sale del corazón, te amo desde que tengo noción.
Te amo y no te miento, te amo porque lo siento.
Te amo y amo tu pelo, con el que me gusta jugar en todo momento.
Te amo y amo tus ojos, los que me miran tan fríos.
Te amo y amo tu nariz, amo tus pecas, tus lunares, amo tus locuras y amo tus males.
Te amo y amo tus manos, blancas como la nieve, pero perfectas para acariciarme.
Te amo y amo tu sonrisa, motivo de seguir riendo.
Te amo y amo tu cuello, amo darle besos.
Te amo y amo tu cintura; y su molde perfecto para que la sostengan mis brazos.
Te amo y amo tus piernas, las más lindas piernas que vi.
Te amo y amo tus pies chuecos; y tus dedos perfectamente imperfectos.
Te amo y amo amarte, te amo y voy a extrañarte...



Jk.

martes, 22 de enero de 2013

Apareciste...



Apareciste sin que te buscara,
cambiaste todo con tu mirada. Mis ilusiones, mis sensaciones, mis pensamientos y mis canciones.
Y una sonrisa que es necesaria, que reclama todo el tiempo ser deseada...
Apareciste sin que te llame,
y desde el fondo me sacaste. Me abrazaste, me consolaste, me besaste, me salvaste.
Y una sonrisa que es necesaria, que reclama todo el tiempo ser besada...
Apareciste así de la nada,
sin darme cuenta te dí mi alma. Apareciste y ya no lo dudo: quiero que seas mi futuro.
Y una sonrisa que es necesaria, que reclama todo el tiempo ser amada...


Te amo.


Jk.

martes, 15 de enero de 2013

El tiempo pasa, corre, vuela...


No habrá más oportunidades si las despreciamos de ésta manera, la vida es continua, no frena, jamás se detiene en ningún momento eterno e inamovible, simplemente fluye. Si uno no aprovecha, seguramente cuando lo intente, lo único que logrará es recordar esos momentos que pudo y no lo hizo.
El tiempo pasa, corre, vuela, no se inmortaliza. Genera dudas e incertidumbre, placeres y dolores, amores y desamores, desencanto, y en el ocaso eficazmente nos daremos cuenta de esto, sólo nos resta disfrutar. El tiempo pasa, corre, vuela.



Jk.

martes, 8 de enero de 2013

No pienses.





Miro cosas sin mirar y pienso sin pensar. Si la vida pasara de reojo al acecho tu cuello, mis labios y un dulce veneno.
Cada tanto sumo y resto, veo mundos paralelos, suspiro y respiro, me miro y sonrío. 
Habría tantas semejanzas en tal similitud, si un pájaro que vuela se interpreta como luz, si las alas que despliega son alas de libertad, no pensará nunca en la huella que va dejando atrás.
¿Para qué existe el amor?, si lo que hace es entristecer a tanta gente que lo busca y lo cree merecer. No pienses que la vida es brillo, ni sombra, no pienses.


Jk.

sábado, 5 de enero de 2013

¿Por qué?

El anhelo de querer alcanzar
un poco de tu felicidad
se hace más distante.
Ya no me quedan fuerzas para seguir luchando
por algo que en mi mundo
siempre ha sido en vano
y en mi razón no cabría una mínima gota
de tu alegría.
¿Por qué pienso que no podré alcanzarte?,
mirarte a los ojos,
tocarte,
abrazarte.
¿Por qué siento que no podré olvidarte?,
si cuando estás frente a mi
se desvanece
el cielo
en un instante.


Jk.

viernes, 4 de enero de 2013

Suelo convencerte así pero ésta vez no queda nada,
no maltrates mi corazón, ya no sueña lo que antes soñaba.

Y sin embargo, hoy, quedó el eco de tu voz en toda mi alma.
Tus palabras duelen más, tu sonrisa me es necesaria y en la brisa del atardecer quizás encuentre, por fin, la calma.
Cada instante que no estás a mi lado no existe el mañana.
Es que si pienso me mata la pena, ya no te siento correr por mis venas.
Se que el rencor del adiós me envenena, quiero volver a perderme en tus piernas.




Jk.

jueves, 23 de agosto de 2012

El del cigarrillo y el del sombrero.


El hombre del sombrero tarareaba un tango de Gardel mientras miraba al fumador, de pronto un grito de horror se escapa de su garganta.
   -¡Por Dios y todos los santos! – dice con un acento medio raro.
   -¿Qué le pasa, hombre? Pregunta el fumador.
El hombre de sombrero y traje trataba de que las palabras salieran de su boca.
   -Señor, usted está bañado en sangre. ¿Se encuentra bien?.
   -Tranquilo hombre, la sangre no es mía, es de mi amante que acabo de matar porque me engañaba con otro hombre.
   -¿Realmente mató a su amante? Atinó a preguntar atónito.
   -Sí, y ahora voy a matar a mi esposa.
   -¿¡Por qué!? Pregunta escandalizado pensando que tal vez era una broma.
   -Mira- responde tranquilamente el hombre. Llevo treinta años de casado, con hijos de treinta y tres y treinta y cinco años. Si usted hace una pequeña cuenta verá que me obligaron a casarme. Hace treinta y dos años que le soy infiel a mi mujer, siempre con distintas y en algún momento con varias suripantas a la vez. Durante estos últimos siete años me encontraba a escondidas con una señorita de pelo rubio, que a su vez engañaba a su esposo conmigo. Hoy, como suele suceder, fui a su casa y la encontré divirtiéndose con otro hombre. Lo único que recuerdo es que se nubló mi vista y al despertar me encontraba sobre el hombre golpeándolo bruscamente, aunque él ya no daba señales de vida. Salí pensando que, tal vez, eso no hubiera sucedido si no me hubiese casado, que todo era culpa de mi mujer, y por eso ahora la voy a matar ... ¿Y vos a dónde vas?.
   -¡Emmm, emmm! – ya bastante asustado y temblando, el del sombrero no supo que responder.
   -¡Hombre!, o debería decir “hombrecito”, no se preocupe que no lo voy a matar. Este cuchillo – dice levantándolo – no es para usted.
El fumador ensangrentado observa con gran tranquilidad al hombre de sombrero que temblaba de miedo, entonces, dice con desprecio mientras se aleja.
   -Usted no es un hombre, es una mujercita con traje y acento raro.
Se produjo un brusco silencio que fue interrumpido por el sonido de tres disparos seguidos por su eco. El fumador ensangrentado cae al piso, el del sombrero se acerca despacio, lo mira cara a cara y le dice:
   -¡Yo no soy ninguna mujercita!, ¿entiendes?.
Balbucea palabras incomprensibles, el hombre moribundo, mientras la sangre se escapa de su boca.
   -Sí, yo, ya se quién es usted. Lo vengo siguiendo durante toda la noche. Su amada mujer es mi amante y me ha enviado a matarlo. Ella siempre se ha quejado de que usted es un ser despreciablemente asqueroso, que deseaba ver muerto, así que yo cumplí su deseo.
Dicho esto, tomó el cigarrillo caído del hombre ya muerto y se alejó fumando lentamente...


K, J.